​Hay una pregunta que me llevo haciendo desde hace algún tiempo y es porqué a la gente, y en especial a las personas con sobrepeso, le da tanto miedo pasar hambre, cuando lo cierto es que tenemos un cuerpo preparado para el hambre pero no para la sobreingesta de comida. Además, hemos nacido y crecido en una época donde la comida es abundante y está siempre a nuestro alcance y el problema al que nos enfrentamos ahora es la obesidad y los excesos.

Para arrojar luz sobre este asunto hace poco cayó en mis manos el libro del doctor japonés Yoshinori Nagumo: “Un día. Una comida”, donde el doctor se lanza a explicar al mundo entero las ventajas de pasar hambre con argumentos de bastante peso.

Si revisamos la historia desde que aparecieron nuestros primeros ancestros hace ciento setenta mil años, que el hombre haga tres comidas al día hasta saciarse es un comportamiento reciente que apenas alcanza los 100 años.

Hemos sobrevivido a hambrunas causadas por catástrofes naturales y cambios climáticos. Estamos preparados para el hambre, pero nuestro cuerpo no está preparado para la sobreingesta. De hecho, parece que una de las principales causas de las cuatro grandes enfermedades de nuestra época( cáncer, cardiopatías, embolia cerebral y diabetes) es precisamente el exceso de comida.

Hasta ahora, los ayunos han demostrado que comer poco alarga la vida más que comer hasta saciarse. Los experimentos realizados con macacos Rhesus por la comunidad científica lo corroboran: cuando se reduce la cantidad de alimento en un cuarenta por ciento, se larga la vida del sujeto entre 1,4 y 1,6 veces. A los macacos que comían hasta saciarse se les caía el pelo y la piel de la cara tenía flacidez. En cambio, a los que se les restringía la comida se les suavizaba el pelo y la piel se les ponía más tersa.

Según las investigaciones, esto es así por que hay un gen, el gen de la sirtuína, que se activa en situaciones de hambre. Este gen escanea los genes de los sesenta billones de células que tiene el cuerpo humano y repara las que están defectuosas o dañadas. Según el doctor, pasar hambre frena el envejecimiento y aumenta la esperanza de vida.

Detractores de este método pueden argumentar que el pasar hambre puede provocar desnutrición pero lo cierto es que no importa la cantidad sino la calidad. Estamos acostumbrados a tomar aperitivos, carbohidratos y comida rápida hasta saciarnos y después tomar postres dulces. Nos creemos que si luego tomamos suplementos alimentarios estamos bien alimentados pero no es suficiente: esta alimentación no contiene los nutrientes que necesitamos. Por ello, aunque las cantidades sean restringidas, la clave de una alimentación sana se basa en tomar todos los nutrientes necesarios para que nuestro organismo funcione correctamente.

Al margen de estas investigaciones, planteo una alimentación variada donde lo primordial es escuchar a nuestro cuerpoAlimentarnos a base de alimentos frescos, principalmente frutas y verduras, sustituir la carne por pescado, cuando sea posible, y aprovechar todas las ventajas de los frutos secos, huevos y demás alimentos no procesados. Como regla general funciona saber que casi ningún alimento anunciado es recomendable y comprar alimentos no envasados, ya que son mucho más saludables.

Y sobre todo tener en cuenta que lo importante es estar sanos por dentro. El cuerpo es un reflejo de nuestras acciones y de nuestros hábitos.

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