Los seres humanos somos seres lingüisticos. Es decir, nuestro pensamiento se estructura en torno a las palabras. Y éstas tienen un enorme impacto en nosotros.

Somos lo que pensamos, y controlando lo que pensamos asumimos la responsabilidad sobre nuestra propia vida y podemos vivir en plenitud.

A lo largo del día no paramos de hablar. Muchas veces hablamos en alto con los demás y siempre en bajo, interiormente, con nosotros mismos. Estamos tan acostumbrados a hacerlo que no prestamos atención a nuestro lenguaje interior. Este diálogo interno viene determinado por nuestro subconsciente y se forma a partir de creencias, valores, experiencias pasadas, etc…

Si quieres cambiar tus comportamientos y los resultados que estás obteniendo en la vida, es imprescindible que comiences a prestar atención a tu diálogo interno y lo modifiques hasta que obtengas los resultados que buscas.

Si piensas que eres valioso y fuerte, entonces vas a vivir tu vida de acuerdo a esa afirmación. Si, por el contrario, te dices a ti mismo que eres débil y poco importante, entonces estarás construyendo una realidad en la que efectivamente eres así. Increíble, ¿Verdad?

Te invito a realizar el siguiente ejercicio. Primero dí en voz alta: “Tengo que…” y observa cómo te sientes. Después prueba a decir: “Lo que yo quiero es…”. Ahora reflexiona unos instante y siente la diferencia tan abismal a la que te conectan estos dos pensamiento. Sin duda, quedarás sorprendido. ¿Qué ha pasado? El “tengo que” nos conecta con obligaciones que vienen de fuera. Los “tengo” nos cansan, nos llenan de deberes y exigencias que no queremos hacer pero que nos sentimos obligados a realizar.

En cambio los “quiero” nos conectan con nosotros mismos, con nuestra fuerza interior.

Si te dices a ti mismo: “Tengo que hacer la comida” es muy diferente a : “Quiero hacer la comida porque quiero que mi familia se alimente bien; quiero cuidarme y cuidarlos a ellos porque los amo y me importan y para ello quiero cocinar yo porque la comida rápida o precocinada no es sana y para mi la alimentación es parte del cuidado hacia mi mismo/a y hacia la gente que quiero.”

También puedes, en este proceso de autoconocimiento, aprovechar para liberarte de algunos de tus “tengo que” y sentirte más ligero y feliz contigo mismo y con tu vida. Por ejemplo, si dices: “Tengo que poner la lavadora mía y la de toda mi familia”, puede que al revisar  este pensamiento te des cuenta de que ya no quieres ser tú el/la responsable de la limpieza de la ropa de todos y que a partir de ahora sólo vas a lavar tu ropa. Recuerda, cuando tu cambias todo cambia y con frecuencia somos nosotros mismos nuestros peores enemigos.

Por otro lado, si te hablas a ti mismo con seguridad y confianza la posibilidad de alcanzar tus metas es infinitamente mayor. Ponerte excusas cada día y posponer no te ayuda en absoluto. Decir: “Estoy gordo/gorda por mi metabolismo, genética,…” no te conduce a nada.

O el famoso: “Voy a intentar…”.  Hazlo o no lo hagas, pero no lo intentes.
Igual que el: “Creo…” O el : “Yo soy así…”, “Si yo hubiera…”

Son excusas para justificarnos. Nos sirven para no hacer nada y quitarnos la responsabilidad de lo que nos sucede. Sabemos que para cambiar y vivir la vida que queremos tenemos que responsabilizarnos de nosotros mismos y de nuestras acciones.

Conseguirás en la vida exactamente lo que TU quieras conseguir, ni más ni menos. Ponerte excusas, posponer, lamentarse, etc… no te ayuda en absoluto.

Empieza a hablarte de otra forma y verás cómo tu vida empieza a cambiar de forma tan positiva y contundente que te quedarás sorprendido y maravillado.

Sin duda, es un buen comienzo en el camino hacia el cambio y el  crecimiento personal.