No hace falta que deshojes margaritas, ni visitar a una pitonisa para que te eche las cartas. Si quieres saber si le gustas o no a esa persona que ha llamado tu atención, hay un método infalible que nunca falla: el lenguaje no verbal. Es decir, los gestos, la postura, el tono de voz,…

El lenguaje no verbal refleja con claridad lo que sentimos y no podemos mentir con él. A nivel inconsciente, tu cerebro capta estas señales de manera natural. Lo único que hay que hacer es prestar atención y saber escuchar lo que las palabras no dicen. Aunque bien es cierto que el lenguaje no verbal es universal, si que hay diferentes matices que merece la pena interpretar. Cada persona es un mundo por eso la escucha activa y la plena atención en la otra persona hará que aprendas a interpretar con exactitud las señales que está emitiendo. Presta atención a la parte inferior del cuerpo; los movimientos de las piernas o de los pies nos delatan. Nos es más fácil controlar el tronco superior pero el inferior parece que cobra vida propia cuando estamos nerviosos o incómodos en una situación.

Estos son algunos ejemplos que te ayudarán a descubrir los sentimientos de esa persona hacia ti:

-Apertura. Notarás que le gustas si su cuerpo está inclinado hacia ti. Se inclinará hacia delante buscando tu proximidad, eliminará barreras entre los dos( sillas u otros objetos que puedan suponer una distancia contigo) y en general tendrá una postura receptiva y abierta.

-Intentará llamar tu atención y no pasar desapercibido. Podemos llamarle a esto el síndrome del pavo real; los hombres hinchan el pecho y levantan la cabeza, hacen gestos de acicalado como pasar la mano por el pelo, tocarse el nudo de la corbata, si están de pie se colocan en la posición del vaquero mientras que si están entre amigos, procurarán llamar tu atención riendo, bromeando, hablando alto o mostrando alguna habilidad o destreza especial que posean.

Las mujeres, por su parte, tensan el cuerpo, levantan el pecho y pronuncian las nalgas, se peinan el pelo con los dedos o lo echan hacia atrás con un movimiento sexy de cabeza. Intentar mostrar toda su feminidad para ti.

-Actitud positiva y risueña. Cuando está contigo está de buen humor; bromea, se ríe con facilidad y la felicidad le sale por todos los poros de la piel.

-Intenta tocarte de manera “casual”. Puede que se acerque mucho al hablar, que te quite una mota invisible de polvo de tu camisa o que toque tu brazo cuando habla.

-Su voz se hará más dulce, más suave y su tono de voz bajará lo que hace inevitable que se aproxime a ti.

-Cuando le gustas, sus pupilas se dilatan y sus ojos están más brillantes y húmedos durante el cortejo.

-Y por supuesto, cuando a una persona le gustas de verdad será consistente, no desaparecerá y sus mensajes serán claros. Si quiere verte te lo dirá con antelación y no esperará al viernes por la noche para escribirte un whtasapp a las 22.00. Y si lo hace no te interesa, no te va a dar paz.

Como verás, el lenguaje corporal es claro y conciso. En cambio, cuando la comunicación no es personal, se puede producir confusión, como por ejemplo a través del whatsapp. Está muy de moda, pero es una comunicación en la que únicamente intervienen las palabras y nos perdemos mucha información. No es casual que para “ligar” por whatsapp no utilicemos el modo grabar sonido. El sonido y el tono de nuestra voz nos delatan, en cambio si únicamente escribimos podemos ocultar lo que sentimos con facilidad.

Además, aunque reconozco que resultan muy divertidos los mensajes de whatsapp,es una forma de comunicación tremendamente adictiva. Para explicarlo, vamos a ver como funciona nuestro cerebro cuando mandamos o recibimos un mensaje de este tipo. El mecanismo de adicción al whatsapp funciona igual al de una máquina tragaperra y se basa en la trampa de las recompensas variables. Mandas un whasapp( o echas una moneda) y te quedas suspendido en la incertidumbre. La persona puede responderte inmediatamente, a la hora, al día siguiente o nunca. Cuando echas una moneda en estas máquinas tampoco sabes que pasará; puede tragarse tu moneda o darte un premio increíble. Esta incertidumbre y el anhelo de respuesta es la que nos engancha y nos esclaviza. Por esta razón, resulta mucho más sano comunicarnos en persona o , si no es posible, por teléfono, ya que  la comunicación es más fluida.

Por otra parte, si envías mensajes a una persona y algunos te los contesta y otras veces no, no puedes evitar volver a enviar nuevos mensajes. Es como si fueras un drogadicto que no recibe su ración.

La adicción se produce por una alteración en la bioquímica cerebral. El cerebro comienza a segregar dopamina que es la encargada de hacerte hace sentir bien cuando recibes una recompensa. Pero además, también es la que hace que te sientas bien imaginando lo que va a pasar. Si la recompensa es siempre igual, te acostumbras a saber lo que va a pasar y no se produce tanta dopamina. Sin embargo si no sabes si habrá recompensa o no, no te puedes acostumbrar y la dopamina de la imaginación se sigue produciendo.

Esta sería la explicación por la que algunas personas están desconcertadas muchas veces ya que, aunque reconocen que esa persona no les gusta mucho, se encuentran enganchadas a ella. Es el comportamiento intermitente el  que en realidad las engancha; igual que con frecuencia no deseamos el premio de la tómbola pero eso no impide que sigamos jugando.

Cómo conclusión, si quieres tener una relación de pareja sana y estable que te de paz olvídate del whatsapp y presta atención a las señales corporales. Y recuerda que la vida, ya sea en pareja como solo, es un regalo y es nuestra responsabilidad vivirla y disfrutarla al máximo.

Consultas en :
silquilez@gmail.com
620 87 81 21

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